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De una yerba tokenizada a un sistema para los productores: el próximo paso

En noviembre de 2024, cuando la tokenización de la yerba mate todavía parecía una idea lejana, elaboré una propuesta para aplicar esta tecnología a la producción de hoja verde. El objetivo no era crear una criptomoneda ni promover un instrumento meramente especulativo. La intención era buscar una respuesta a un problema conocido por todos: la desigualdad con la que negocian los productores frente a los demás actores de la cadena yerbatera.

El 28 de noviembre de aquel año expliqué públicamente la iniciativa en una entrevista con Radio News Misiones. Propuse que una parte de la producción futura pudiera representarse mediante tokens digitales respaldados por kilos reales de hoja verde. De esta manera, los productores podrían obtener financiamiento antes de la cosecha, mejorar la trazabilidad de su producción e intentar alcanzar un precio más justo sin depender exclusivamente de los anticipos o de las condiciones impuestas al momento de entregar la yerba.

En aquel momento era una propuesta teórica. Hoy ya no lo es.

Durante 2025 aparecieron en la Argentina las primeras experiencias concretas de tokenización de yerba mate. Mathienzo, en alianza con R3al Blocks, tokenizó un lote de producción y agotó la primera emisión en menos de veinticuatro horas. Cada token representaba una cantidad determinada de paquetes y permitía al inversor participar económicamente del lote o retirar el producto en condiciones preferenciales.

Posteriormente, Atiguá avanzó con la tokenización de yerba mate orgánica. En este caso, los tokens quedaron vinculados a un lote específico, con trazabilidad desde la cosecha y la posibilidad de recibir producto o su valor económico al finalizar el proceso de estacionamiento.

Estas experiencias demostraron dos cosas importantes: que la producción yerbatera puede servir como respaldo de activos digitales y que existe interés en financiarla mediante nuevos instrumentos.

Sin embargo, también dejaron planteada una pregunta: ¿podemos trasladar esta innovación desde una empresa o una marca determinada hacia los pequeños y medianos productores de hoja verde?

Dos modelos diferentes

Las iniciativas que comenzaron a implementarse tokenizan producciones correspondientes a empresas o marcas concretas. Son experiencias valiosas porque permiten financiar lotes, mejorar la trazabilidad, atraer inversores y crear nuevas formas de comercialización.

La propuesta que formulé en 2024 tenía una finalidad diferente y una escala potencialmente mayor. No estaba pensada para financiar exclusivamente a una marca, sino para ofrecer una herramienta voluntaria a los productores primarios.

La diferencia es sustancial.

Una empresa que tokeniza su yerba utiliza la tecnología para financiar y comercializar su propia producción. Un sistema sectorial permitiría que numerosos productores agrupen una parte de sus cosechas futuras, reciban financiamiento anticipado y entreguen posteriormente la hoja verde a secaderos previamente incorporados al sistema.

No se trataría simplemente de tener una yerba mate tokenizada. Se trataría de construir gradualmente un sistema yerbatero tokenizado.

La verdadera debilidad del productor

La asimetría del productor no se explica solamente por la diferencia de tamaño frente a los grandes compradores. También existe una desigualdad temporal.

La hoja verde es perecedera. Una vez cosechada, debe ser entregada rápidamente. El productor no puede almacenarla durante semanas esperando una mejor oferta. Además, necesita recursos antes de la cosecha para mantener el yerbal, contratar trabajadores, adquirir insumos, pagar combustible y afrontar el transporte.

Quien necesita vender inmediatamente suele negociar en peores condiciones que quien puede esperar.

La tokenización puede intervenir antes de que aparezca esa urgencia. Si una parte prudente de la producción futura pudiera transformarse anticipadamente en financiamiento, el productor llegaría a la cosecha con mayor previsibilidad y menor dependencia.

La tecnología, en este caso, no sería el objetivo. Sería el instrumento para modificar el momento y las condiciones de la negociación.

Un modelo reformulado

La experiencia acumulada desde 2024 también obliga a revisar y mejorar la propuesta original.

El modelo no debería comenzar intentando incorporar a toda la actividad yerbatera. Tampoco debería abrir inmediatamente un mercado especulativo sin haber probado antes el circuito productivo. Lo prudente sería realizar una experiencia piloto con un grupo reducido de productores, uno o más secaderos, una entidad administradora, una plataforma tecnológica y un mecanismo de garantías.

Imaginemos un primer grupo de entre veinte y cincuenta productores. Cada uno compromete voluntariamente una porción limitada de su producción futura —por ejemplo, hasta el 40% de una estimación conservadora— y celebra los contratos correspondientes con una entidad administradora.

Antes de emitir los tokens, uno o varios secaderos se comprometen a recibir esa producción, siempre que cumpla con las condiciones de cantidad, calidad, fecha y trazabilidad previamente acordadas.

Sobre ese volumen futuro se emiten tokens que representan derechos económicos. Los inversores los adquieren y los recursos obtenidos se destinan a prefinanciar la producción y la cosecha.

Cuando llega el momento, los productores entregan la hoja verde directamente al secadero. El secadero paga el precio resultante de la fórmula contractual a la cuenta administradora y esos fondos se utilizan para devolver el capital, remunerar razonablemente a los inversores, cubrir los costos del sistema y liquidar al productor la parte que le corresponda del precio final.

El inversor no necesita recibir físicamente la hoja verde. Su derecho es económico. El secadero tampoco necesita comprar tokens dispersos entre numerosos titulares: compra la producción mediante un contrato celebrado con anterioridad.

¿Quién determina el precio?

El precio del token no debería ser fijado arbitrariamente ni surgir de aplicar automáticamente un porcentaje por debajo del valor de la hoja verde.

Cada emisión tendría que contar con un precio técnico elaborado a partir de datos verificables:

  • Valor de referencia de la hoja verde.
  • Plazo hasta la entrega.
  • Fórmula de pago acordada con el secadero.
  • Actualización monetaria.
  • Costos de administración.
  • Riesgo climático y productivo.
  • Fondo de garantía.
  • Rendimiento razonable para el inversor.
  • Calidad y certificaciones de la producción.

Sobre esa base podría establecerse una banda de colocación. Los inversores presentarían sus ofertas y la demanda contribuiría a descubrir el precio, pero nunca por debajo de un piso previamente aceptado por los productores.

El rendimiento del inversor no surgiría de una promesa artificial. Provendría de aportar recursos hoy a cambio de participar, bajo reglas conocidas, en el flujo económico que generará la venta futura al secadero.

Al mismo tiempo, el productor no debería quedar excluido de toda mejora posterior. Si el precio de la hoja aumenta entre la emisión y la cosecha, una parte relevante de ese mayor valor debería permanecer en manos de quien produjo.

Voluntariedad, gradualidad y resultados

El sistema debe ser voluntario. La comercialización tradicional continuaría existiendo y ningún productor estaría obligado a tokenizar su producción.

El desafío consiste en crear una alternativa suficientemente útil para que sean sus propios resultados los que atraigan a nuevos participantes.

El éxito del piloto no debería medirse por la cotización del token ni por la cantidad de operaciones digitales. Debería responder preguntas mucho más concretas:

  • ¿El productor recibió dinero cuando realmente lo necesitaba?
  • ¿El financiamiento fue más conveniente que las alternativas existentes?
  • ¿Obtuvo un mejor ingreso neto?
  • ¿El secadero recibió la cantidad y calidad comprometidas?
  • ¿Los inversores recuperaron su capital y obtuvieron el rendimiento previsto?
  • ¿La trazabilidad redujo informalidad y conflictos?
  • ¿Las certificaciones laborales y ambientales agregaron valor?
  • ¿El sistema pudo afrontar incumplimientos o contingencias climáticas?

Si las respuestas son favorables, otros productores, cooperativas y secaderos podrán incorporarse de manera progresiva. Primero podría crecer dentro de una zona; después extenderse a otros municipios y, finalmente, convertirse en una alternativa provincial o regional.

No mediante una imposición general, sino por adhesión voluntaria.

Una idea que necesita una nueva etapa

El documento de noviembre de 2024 tuvo el mérito de formular la posibilidad antes de que aparecieran las primeras experiencias comerciales. Pero no considero que deba permanecer congelado.

La realidad confirmó algunas de sus intuiciones y reveló aspectos que necesitan mayor desarrollo: la naturaleza jurídica del token, la regulación financiera, la formación del precio, el tratamiento tributario, los seguros, los fondos de garantía, la estandarización de la hoja verde y la protección tanto del productor como del inversor.

Por eso estoy trabajando en una versión más profunda y actualizada que será desarrollada en mi tercer Libro Blanco.

El propósito será estudiar la creación de un sistema voluntario de prefinanciación yerbatera basado en producción futura, contratos con secaderos, trazabilidad digital y participación de inversores. No como una solución mágica ni como un reemplazo inmediato de toda la comercialización existente, sino como una infraestructura alternativa que pueda comenzar con una experiencia pequeña, demostrar resultados y crecer progresivamente.

La tokenización empresarial ya probó que es posible vincular la yerba mate con nuevos instrumentos de financiamiento. El próximo paso consiste en preguntarnos si esa innovación puede llegar directamente al productor.

Porque la verdadera transformación no ocurrirá cuando podamos comprar un token de yerba mate. Ocurrirá cuando la tecnología ayude a que quienes producen la hoja verde negocien con mayor libertad, previsibilidad y dignidad.


Documento original de 2024

El siguiente documento fue elaborado el 26 de noviembre de 2024 y se publica sin modificaciones, como antecedente de la propuesta. Su contenido refleja el estado inicial del proyecto y no necesariamente todos los mecanismos que integrarán su futura versión definitiva.

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